"El asesino de mi hija, que pretende ser tratado como mujer en la cárcel, nos llegó a mandar cartas con sangre regodeándose en lo que había hecho"

*Esta entrevista la publiqué en el diario La República el 4 de abril de 2023. Debido al cierre del medio y al interés de la misma, la vuelvo a publicar aquí.

Para Sonia Padilla Padilla cada día, desde el 4 de junio de 2018, es un martirio. Una angustia infinita e inenarrable que “lejos de ser portada de telediarios o de tener una respuesta con un mínimo de voluntad o sensibilidad política por ninguno de los partidos”, se ha instalado para siempre en su hogar roto por la violencia machista. Y es que el dolor de esta madre, junto al de su familia, lejos de mitigarse se ahonda aún más porque Jonathan Robayna Santana, el asesino -y primo de sangre- de su hija Vanesa Santana Padilla cuando ella tenía 21 años, y que cumple 38 años de condena, les sigue torturando.

Nuria Coronado Sopeña

Este feminicida -que confesó haber matado a su prima de 30 martillazos y que cuando agonizaba la violó con objetos anal y vaginalmente y eyaculó sobre su cadáver- no solo pidió en el juicio ser llamado Lorena porque afirmó sentirse mujer. “Nos ha llegado a mandar cartas desde la prisión, algunas con sangre, narrando lo que le había hecho y regodeándose de ello”, explica Sonia Padilla Padilla.  Unas cartas que están en posesión del abogado de la familia.

Un crimen que no quiere que nadie olvide

En una larga entrevista telefónica Sonia Padilla Padilla relata con angustia y enorme tristeza todo lo sucedido con su “niña tan bonita y con tantos sueños por cumplir a los 21 años”. Por eso, y aunque le duele relatar todo, lo hace porque no quiere que nadie se olvide de lo que el feminicida le hizo a Vanesa.Robó la llave de la casa días antes y espero escondido hasta confirmar sobre las seis de la madrugada dormía. La golpeó con un martillo en la cabeza hasta la muerte. ¡Después la envolvió en una sábana y la dejó desangrar en el pasillo de la casa, incluso usó una fregona para limpiar la sangre y sus huellas! ¡Yo me la encontré así al regresar de trabajar!”.

Por eso Padilla se pregunta indignada: “¿Hay derecho a que ahora esté en un módulo de respeto aislado de los presos comunes? ¿Qué respeto tuvo él por mi hija? ¿Hay derecho a que el asesino de mi niña se siga riendo de ella y de nosotros diciendo que es mujer? ¿Hay derecho a todos estos privilegios para él? Una vez más queda claro que un asesino tiene más derechos que todos nosotros”, recalca.

Y es que si hay algo que sabe esta madre y cualquiera del municipio canario en el que vive, es que “no hay Lorena que valga sino Jonathan Robayna Santana con nombre y apellidos. Y así lo voy a señalar siempre. Porque como hombre hizo lo que hizo y aunque nunca habrá cárcel o pena suficiente como tal ha de pagar por todo. Antes de matar a mi princesa acosó a muchachas a las que enviaba mensajes con amenazas. Mi hija una de ellas, pero al ser familia no le dimos la mayor importancia y fíjate ahora lo que ha pasado. ¡Él no tiene nada de mujer!".

“La Ley trans ampara a los asesinos”

Por mucho que el abogado del asesino pidiera durante todas las sesiones del juicio que se dirigieran a él con tal nombre e incluso Instituciones Penitenciarias le tratase así, la indignación de esta madre “por valerse de una Ley tan mal hecha como la del Sí es sí que deja a violadores en la calle o les acorta condenas, tener ahora una Ley como la Trans de la que se vale es una tortura con la que él se sigue riendo de nosotros. Esta ley ampara a los asesinos y nos desprotege a las víctimas. ¡Tienen que cambiarla ya!”.  

Un cambio que Sonia no solo denuncia por su caso. “Sino por otros y por las mujeres que se verán afectadas”. Preguntada por lo que por ejemplo ya ha sucedido en Asturias donde seis presos se han acogido a la Ley Trans para ir a módulos de mujeres, a Padilla le “hierve la sangre”. Y es que la Ley Trans facilita que sin informe y solo con la mera voluntad de los presos al autoidentificarse mujeres puedan ser trasladados a módulos de mujeres. “Estos depravados van a ir allí y van a poner en peligro a las mujeres. ¡Ninguna de ellas se merecen eso!”.

Un peligro que las asociaciones feministas llevan denunciando años porque ya ha sucedido en otros países y que con el caso del asesino de Vanesa se ha querido investigar. Una de ellas, Contra el Borrado de las Mujeres, pidió en una carte al Ministerio del Interior que desvelara la cárcel en la que se encontraba, así como si estaba en un módulo de hembras humanas adultas. La respuesta recibida -que no fue nada inmediata- tal y como explica Ángeles Álvarez, portavoz de dicha entidad, es que el Ministerio del Interior no indica expresamente si ha procedido al ingreso en una cárcel de mujeres y señala que los datos específicos de cada supuesto pertenecen a la parcela más íntima y personal de sus titulares, necesitándose su consentimiento expreso para proceder a su publicidad (artículo 15 Ley 19/2013, de 9 de diciembre)”.

 Instituciones Penitenciares, responsable de determinar cada caso

Además, en esa misma carta Contraborrado preguntó a la Secretaría de Instituciones Penitenciarias del Ministerio del Interior sobre el procedimiento a seguir con estos casos y la respuesta fue que “es la Instrucción 7/2006 de esta Secretaría General la que determina el procedimiento a seguir en casos como el de Jonathan Robayna Santana”.

La citada Instrucción sobre la integración penitenciaria de personas transexuales establece que “las personas transexuales cuya identidad oficial de sexo no concuerde con su identidad psico-social de género podrán solicitar de la Administración Penitenciaria el reconocimiento de ésta a los efectos de separación interna a que se refiere el art. 16 de la Ley Orgánica 1/1979 General Penitenciaria” y estipula un procedimiento por el que, “con los preceptivos informes de valoración médica y psicológica y el reconocimiento de la identidad psico-social de género, a efectos penitenciarios, las personas transexuales sin identidad oficial de sexo acorde con esta, podrán acceder a módulos y condiciones de internamiento adecuados a su condición”.

Tal y como traduce Ángeles Álvarez: “la responsabilidad del reconocimiento de la identidad psico-social a efectos de separación penitenciaria, recae sobre el personal de Instituciones penitenciarias y ni siquiera se exige que se haya procedido al cambio de sexo registral del interesado. Conocer el ingreso de una persona y la separación en el interior de los establecimientos teniendo en cuenta, con carácter prioritario, los criterios de sexo, edad y antecedentes delictivos no parece afectar al derecho a la intimidad, a los derechos de las personas que requieran una especial obligación de tutela o garantías de anonimato”.

De momento los funcionarios de la prisión de Asturias ya han manifestado en entrevistas a otros medios que temen que la 'ley trans' se convierta en un “coladero” para presos que quieran mejorar su situación en la cárcel. “Nos preocupan los problemas de convivencia que pueden surgir en el módulo de mujeres. Podemos estar ante unos problemas gravísimos de orden y regimentales", explicó para COPE Alberto Fernández, coordinador en Asturias del sindicato 'Tu abandono me puede matar' porque en el módulo femenino "no hay ninguna clasificación" de las reclusas.

Años de pesadillas y una sociedad que no sabe comprender

Sea como fuera esta madre lleva en tratamiento psiquiátrico y médico “cinco años ya y lo que me queda porque a mejor no puedo ir. Tengo muchas pesadillas que son mortales”. Por eso clama por una conciencia real social de la violencia machista. “Porque la gente se queda con la noticia de un asesinato o de un maltrato, pero no sabe el dolor que causa. Detrás de cada asesinada quedamos asesinados en vida familiares”. Un horror que ni siquiera las palabras pueden describir. “Te quedas con el vacío de la soledad. Un vacío imposible de llenarse con nada. Con esa sensación de que va a volver a algún día, de que de un momento a otro va a entrar por la puerta. Soy como un espantapájaros. Que me dejan en cualquier sitio y allí me quedo”.

La presión en el alma que Sonia siente es también porque “la sociedad pasada un tiempo que considera suficiente, te exige recuperarte, pasar página. La sociedad no tiene empatía, cree que porque ha pasado un tiempo te recuperas. Pero yo a todas las personas les pido que me hagan una radiografía, que vean mi alma por dentro y miren cómo estoy de destrozada”, recalca.

Por eso pide a cualquiera que la acompañen cada mañana cuando se levanta. “Que vean cómo lo hago. Cómo le doy los buenos días en silencio a mi niña y me pongo a esperarla. Vivo una vida de mentira, una vida de mierda”, llora. “Después cuando puedo arrancar con mi cuerpo me voy a desayunar a casa de mi madre. Gracias a ella que la tengo con 73 años nos acompañamos y esto se hace algo más llevadero”. 

Y Sonia recuerda cómo el día que pasó todo llegó a los brazos de su madre. "Nos miramos y le dije: ¡mamá ayúdame! ¡Quiero volver a ser una niña otra vez! ¡Y me abrazó y las dos nos desmayamos! No me acuerdo de nada. Estuve dos años en un pozo tan negro que cuando me dijeron que tenía que salir por el juicio, solo me sirvió la promesa que le hice a mi niña. La de que iba a luchar por sus derechos, porque su memoria no se olvide y para que a este asesino le caiga lo más posible”.

Durante dos años estuvo muerta. “Morí con ella el mismo día que al entrar en casa me la encontré como estaba. Me eché encima suya, para darle calor, para darle la vida que ya no tenía. Mi pobre niña que estaba destrozada por el buen trabajo que hizo su asesino. Le dio un martillazo que la destrozó. Le puso un cinturón al cuello para terminar de violarla. ¡Por eso había tantas huellas mías! Porque la agarraba y le decía: ¡mi amor, coge mi vida que no la necesito! Solo pensaba en ser yo la que estuviera en su lugar. Me volví loca.

De aquel 4 de junio de 2018 Sonia solo recuerda que la subieron a una ambulancia y la llevaron a una clínica. “¡No vi salir su cuerpo! Mi marido, me contaron después, ¡corrió detrás del coche fúnebre hasta que no pudo más! ¡Devuélvanmela! ¡Que no se la lleven! Esas fueron las palabras de un padre también muerto en vida y que además de haberle asesinado a la niña de sus ojos, quien lo ha hecho ha sido la sangre de su sangre. Por si este dolor fuera poco además carga con otro mayor. El de una familia que, salvo un primo, está de parte del feminicida”.

Vanesa, feminista radical

Un destrozo y una pena infinita por saber que nada volverá a ser igual. Quizá por eso al charlar con ella y recordar algunos momentos con su hija, se la intuye una pequeña sonrisa y una voz de melancolía al rememorar “lo muy feminista” que era Vanesa. “Yo a veces le decía: ¡mi amor yo estoy a favor de que esta lacra de mierda desaparezca y estoy en contra de los asesinos y los violadores, pero tienes un padre, un hermano, un novio que no son iguales! Ahora ya ves tú, echo de menos aquellas veces que discutía con ella por ser tan radical. Ella era muy idealista. ¡Si decía algo iba con ello hasta sus últimas consecuencias!”. 

Sonia, denuncia además la frialdad, el no haber tenido si quiera en todo este tiempo ni una llamada, ni un gesto de acercamiento o de cariño de alguna autoridad o político. “Solo se ha preocupado el alcalde de nuestro pueblo al que conocemos desde que era chiquitito. Él nos ayudó a agilizar la búsqueda de una nueva casa. Porque yo no podía estar ni un minuto más en el que había sido mi hogar y donde encontré a mi hija como me la encontré. Cómo me la sacaron de casa es un trauma que tengo y del que no logró recuperarme por mucha pastilla que tome”.

A los políticos y políticas les urge” dejar de despilfarrar dinero y medios y a invertirlos en las mujeres. ¡Si se gastan en Carnavales, en fiestas, en perreos una barbaridad, ese dinero podría ir a la violencia machista! ¡Pero no! ¡Prefieren tapar el sol con un dedo y que las chicas las violen en grupo, que las maltraten! ¡Tienen que hacer algo ya! Pero algo drástico. ¡Es estremecedor tener que decirles a nuestras hijas que tengan cuidado y que mientras ellos saben que pueden violar y asesinar porque hay leyes que les favorecen!¡Es estremecedor la soledad de las mujeres y la brutalidad grupal de los hombres!”.

Por ello Sonia Padilla Padilla recalca cómo estos feminicidas y violadores “saben que, aunque maten, tienen derechos. En el caso del mío es esta condena con privilegios. Un regalo que le hace ver el sol cada día mientras mi hija no saldrá del cementerio. ¿Es esto justicia? ¿Qué nos queda? Una rabia una impotencia. ¡Se me presenta delante Irene Montero y la pongo verde! ¡A ella y a cualquiera le digo que solo ha ayudado a violadores, pederastas y asesinos con sus dos leyes estrellas! ¡Ojalá alguno me dijera algo ahora que vienen a buscar los votos! ¡Esperándolos estoy!”.

Así las cosas, esta madre se despide en la entrevista con una petición. “Mientras yo viva voy a seguir manteniendo la memoria de mi hija viva. Es el mejor homenaje que le puedo hacer. Voy a seguir luchando. Pero a las demás os pido por favor y de corazón que no dejéis de luchar por mi hija, por todas las hijas. ¡Luchad porque algún día, una política o político se tome esto tan en serio que haya justicia de verdad!”.

 

 

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